El Consejo de Gobierno ha tomado conocimiento de la puesta en marcha del Plan de Cadena de Valor CRECE Industria del sector cementero en Andalucía, un marco de acción que contempla una batería de 32 iniciativas que se extenderán a lo largo de la legislatura, a través de una estrategia que prevé movilizar una inversión en la comunidad de 35 millones de euros.

El plan, que ha sido consensuado y cuenta con el apoyo de los agentes económicos y sociales más representativos, dispone de una dotación pública de 5 millones de euros, financiada con fondos FEDER y el Fondo de Transición Justa, en este caso para las provincias de Almería, Cádiz y Córdoba. El enfoque de cadena de valor permite obtener una visión integral de la industria que abarca el ciclo de vida completo de los bienes o productos industriales.

El documento, enmarcado en el Plan de Acción CRECE Industria, establece cuatro objetivos generales para impulsar un ecosistema más competitivo para este sector que emplea en Andalucía a más de 2.000 personas de forma directa e indirecta y a más de 4.000 en los sectores asociados, como el hormigón.

Uno de los cuatro ejes es la sostenibilidad ambiental, buscando la neutralidad en las emisiones de CO2 en la cadena de valor del cemento a 2050, el desarrollo de soluciones integrales de acuerdo con la economía circular, la simbiosis industrial mediante el coprocesado de residuos, la aplicación de tecnologías de captura, almacenamiento, transporte o uso de CO2, el compromiso con la biodiversidad y nuevos productos con menor huella de carbono.

Además, será clave la digitalización, para lo que se impulsará la transformación digital y su integración en la cadena de valor.

El plan apuesta en su tercer eje por la construcción sostenible e industrializada a través del fomento de aplicaciones del hormigón al servicio de la eficiencia térmica en los edificios, la mejora del entorno urbano, así como la calidad y seguridad en la construcción.

El último de los objetivos es la contribución a la cohesión social y territorial. Para ello, promoverán las relaciones con las comunidades locales y los agentes sociales donde se localizan las fábricas buscando generar un impacto positivo en ellas.

Estas metas se concretan en una hoja de ruta de hasta 32 iniciativas que se agrupan en 10 actuaciones clave que se dirigen a la reducción de emisiones procedentes de fuentes de energía fósil, el fomento de la captura y usos posteriores del CO2 en procesos de simbiosis industrial y el empleo de materias primas alternativas en la fabricación del clínker y cemento. Igualmente contempla la optimización de recursos naturales e impacto en el entorno, la transformación digital, el impulso a la calidad y trazabilidad de los cementos comercializados, el fomento de la construcción sostenible e industrializada, la formación para una mejor calidad en el empleo, además de acciones de información y sensibilización en materia ambiental y social.